Fabián Soberón

1-¿Dónde escribís? 

Escribo en diversos lugares: en el auto, mientras el semáforo está en rojo. Escribo en el baño, antes de ir a la cama; en el living, mientras cuido a mis hijos. A veces escribo en el ómnibus, cuando voy al trabajo. Escribo en el silencio húmedo y saturado de murmullos de los hoteles, en el anonimato de los aeropuertos, en la calle, en la parada del bus. He escrito en piezas de pensiones, en los estacionamientos, en los baldíos, en las aulas, en el cerro, en el desierto de la ruta.

2- ¿Trabajás en computadora o a mano?

Hubo un tiempo en que anotaba en un cuaderno: citas, fragmentos de libros, párrafos  de novelas, frases cortas, pensamientos, notas privadas. Tengo una pila de cuadernos con cientos de marcas dispersas. Los cuadernos son una especie de diario íntimo a destiempo, dislocado, un mapa desordenado de mis lecturas y experiencias. Cuando compré la computadora eso cambió. La máquina me ha permitido ordenar el azar de las notas manuscritas. Sin embargo, hace años que escribo en las últimas hojas blancas de los libros. Podría decir que en esas páginas empieza la crítica o la reseña del libro. Y muchas veces las lecturas múltiples y paralelas disparan el inicio de un cuento o un poema.

3- ¿Escribís todos los días? ¿Tenés un horario fijo?

Suelo anotar ideas o borradores en cualquier momento.  A veces escribo párrafos o el inicio de un cuento al despertarme. A veces, escribo por las noches, en el silencio perfecto y oscuro. Tengo una especie de necesidad compulsiva por escribir. Pero paso por períodos en los que no escribo nada. Sólo leo. Cuando la lectura no se convierte en escritura, sufro como un condenado. El círculo perfecto es el ciclo de la lectura y la escritura como una “máquina” de Moebius, como una cinta infinita. Cuando eso sucede, la felicidad me visita.

4-¿Cuánto tiempo le dedicás?

Escribo en el tiempo que queda después de cuidar a mis hijos. Ni bien se duermen, empiezo. Antes de que se despierten, escribo. Cuando uno de ellos se va al colegio, escribo. Pero siempre tengo el sonido de un proyecto: el pensamiento zumba en mi mente como un remolino fractal.

5- ¿Algún ritual, costumbre o manía a la hora de sentarse a escribir?

Siempre tengo a mano un libro. Leo y escribo: el círculo de la felicidad. La lectura dispara la escritura. A veces empiezo de cero, sin libro cerca. Y pongo música y la melodía genera un clima auspicioso para la escritura.
No tengo manías. O sí: alguien me dijo una vez que compro libros como un alcohólico se abastece de vino. La pasión por la lectura es un vicio feliz.

6- ¿Cuándo das por terminado un texto? ¿Qué recorrido emprende ese texto?

Alfonso Reyes dijo esa frase que luego citó Borges y que muchos creen que es de Borges: publicamos un libro para dejar de corregirlo. El libro nunca está terminado. Cuando tengo la segunda versión se lo paso a algunos lectores amigos y espero a que ellos me den su opinión. Con las opiniones a mano reviso por tercera o cuarta vez. Lo dejo descansar durante medio año o un año y vuelvo a revisarlo: el círculo interminable de la reescritura.

7- ¿Qué relación tenés con tu biblioteca?

Pienso en las distintas formas del paraíso. Y asocio esta idea con imágenes múltiples: la suntuosa evocación árabe del jardín, la imagen cristiana de un cielo brillante habitado por ángeles, el mesías en el eterno futuro. Pero me quedo con la postulación borgesiana: la biblioteca o lo que otros llaman el universo. Es decir: el paraíso bajo la forma de una biblioteca.

8- ¿Qué libro te gustaría leer?

Tengo en la mesa de luz, en la mesa de noche, muchos libros que esperan. Quiero leerlos a todos. Leo mucho de noche. Las estrellas titilan como suaves aves lejanas en un océano oscuro y profundo. Cuando leo, me pierdo y me encuentro en la noche insomne. Abro las páginas y el silencio hermoso me envuelve. Siento la noche como nunca la he sentido. La noche, ráfaga transparente y negra, se mete en mi cuerpo. La oscura felicidad de la lectura agranda mi vida. La lectura es una oportunidad para el viaje inmóvil, para el divorcio alegre del día, para el olvido de la rutina involuntaria. La lectura, debajo de la tímida luz de la lámpara, agranda la existencia, la expande en ciclos insospechados, la lleva a sitios invisibles y cercanos.

9- ¿Qué cinco libros no pueden faltar en tu biblioteca ideal?

No hay cinco libros. Hay una biblioteca. La historia de un escritor es la historia de un lector. Hoy no sería el que soy si no hubiera leído esa biblioteca frondosa y heterogénea que el tiempo y el azar armaron. 

10- ¿Cuáles son los autores/libros que te parecen más sobrevalorados y cuáles los menos valorados?

El tiempo se encargará de decir qué libros no serán olvidados. Somos nada o un poco más que eso. Y a veces la vanidad nos juega una mala pasada. Creemos que lo que importa hoy será relevante mañana. Cada periodo tiene sus autores subvalorados. Quizás esos libros encuentren alguna vez a sus lectores. Si eso sucede, se producirá el hecho más importante de la literatura: el encuentro entre un libro y su lector.

11- ¿Qué relación tenés con la inspiración?

No existe la inspiración. La escritura es un oficio. Y el oficio es un trabajo. El filósofo Emil Cioran no deseaba la inmortalidad sino haber vivido en el pasado romano. Yo anhelo que al menos una línea de mis cuentos, poemas y novelas no sea olvidada del todo. Mi escritura es, de alguna forma, una lucha empecinada y vana contra el olvido.

12- ¿Cuándo una persona se convierte en un buen lector?

La lectura es un hecho individual y, a diferencia de los fenómenos masivos, no requiere de la participación de muchos. La lectura, como la escritura creativa, es un encuentro solitario y utópico con un libro. Y ese objeto maravilloso puede darnos la compañía de muchos. En ese encuentro increíble, las voces y los lugares de otros se convierten en la inusual amistad virtual.
El lector es lo más importante. Los que escribimos somos, antes que nada, lectores. El lector y el libro conforman el hecho fundamental de la literatura. Sin libros y sin lectores no hay literatura, ni historia, ni divulgación científica. Un escritor es otra forma de ser lector. “La crítica es la forma moderna de la autobiografía”, dijo Oscar Wilde. Se podría escribir la biografía de un escritor siguiendo sus lecturas. Un escritor es un lector atento, astuto, inquieto.
¿Cómo alguien se convierte en un buen lector? La curiosidad y el placer son las claves de cualquier lector. La lectura obligatoria es un oxímoron, decía Borges. Un buen lector es un lector que lee por placer y que arma, inopinadamente, una biblioteca utópica y personal, guiado por el bello azar y las múltiples formas del placer.

Bonus Track:
 -Experiencias e impresiones de escribir estimulado por alguna sustancia o en un estado de conciencia alterado. 

La lectura y el sexo son grandes estimulantes. Placer y lectura son lo mismo. Lectura y sexo conforman la suma del placer.


Philippe Claudel (centro), Gabriel Bellomo (derecha) y Fabián Soberón (izquierda).



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